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Comicñeros al grito de guerra


La fenecida revista comiqueril tenía una sección en donde se ofrecian dos puntos de vista sobre algún personaje o argumento. Llegó el momento en que a alguien (creo que fue a Oscar Amador pero no estoy seguro) s ele ocurrió que para hacerla más interesante, en lugar de que fuera un mismo escritor el que argumentara por ambos bandos, realmente se enfrentaran dos mentalidades diferentes. El primer resultado (y no se si hubo alguno más) fue la siguiente discusión sobre la ya mítica Civil War. Dirán lo que quieran pero gracias a esa serie tenemos la bonanza editorial televiso/marveliana d ela que gozamos hoy día, y, caso curioso, es una historia que le gusta mucho a aquellos no aficionados a los cuadritos. Creo que ahí radica su verdadero éxito.
El siguiente debate fue desarrollado por un servidor en combate con Francisco Espinosa, enciclopedia comicñeril andante y locutor del programa Comiconexión (y apuesto mi cómic más chafa a que en él basaron para crear a Pandamonium, [es broma Paquito, ya sabes]), creo que se armó un buen relajo y el resultado lo pueden leer a continuación.
Por cierto, este texto es publicado con la anuencia de Francisco.

CIVIL WAR: ¿RUBICÓN HISTÓRICO O WATERLOO COMIQUERIL?

Ahora que la Guerra Civil ha terminado de publicarse en nuestro país, los altos mandos de (la fenecida revista) han considerado realizar un contraste entre lo bueno y lo peor de una de las sagas más polémicas de los últimos tiempos. Francisco Espinosa y Rodrigo Vidal dividen bandos y se tiran salvas tratando de exponer si Civil War pasará a la historia como una miniserie más o si marcará el futuro de la Casa de las Ideas.

Rodrigo: Una de las críticas más duras que se la han hecho a Civil War está relacionada con que esa historia de “héroe vs héroe” ya se ha realizado antes y quizás con mejores resultados. Si bien esto es cierto, lo que convierte a CW en una historia relevante para el cómic actual es el momento histórico en que se realiza. El punto medular no son las peleas ni el desenlace, lo que eleva a CW a status de clásico es el por qué pelean: el acta de registro no es más que una analogía del acta patriótica estadounidense, una ley que viola las garantías individuales de los ciudadanos al permitir que su correo, llamadas telefónicas, e-mail, cuentas de banco y todo documento confidencial pueda ser registrado sin que exista una orden judicial para ello. Mark Millar logra extrapolar esta situación arremetiendo contra la principal libertad de un superhéroe, mantener su verdadera identidad secreta, pues el ser altruista es una opción que ellos eligieron y deben tener el derecho a proteger a sus familias si así lo desean. Considero que esta crítica tan velada es una cachetada con guante blanco al stablishment gringo, más aún proviniendo de un medio que ellos consideran como “propio”.
Francisco: El problema radica en que la “crítica velada” que se menciona, no es ni tan velada, ni tan crítica. El Acta De Registro Mutante, que lleva años trabajándose dentro del Universo Marvel, ya era una crítica fuerte contra muchas de las políticas dictatoriales de varias administraciones, pero siempre dentro del margen ficticio y fantástico que existe en los cómics de superhéroes. El problema es que, viendo los resultados, la crítica se queda a medio camino al tratar de no tomar partido y de ser “imparcial” en su retrato pretencioso y maniqueo de una supuesta América dividida. Los bandos, si bien quedan claros, nunca se justifican; por un lado están los que “defienden la ley… pos porque es la ley” y los que “desobedecen la ley… pos porque está mal la ley”. Las posturas y los argumentos se pierden en el vacío de un equipo editorial que no quiere tomar partido, cuando la base de la crítica real y fuerte es la defensa de una postura.
R: Justamente es esa pose de imparcialidad lo que resulta agradable, porque Millar no intenta predicar por uno u otro bando, más bien evidenciar lo absurdo de la disputa. Millar se cuida de no caer en la tentación de mostrar sus posturas políticas personales y permite que sean los lectores, a través de los personajes, quienes decidan que lado prefieren, o dicho de otra manera, Millar informa al lector y le permite sacar sus propias conclusiones, algo que el aparato ideológico del gobierno gringo limita a toda costa por medio de la tele, el periódico y… gulp… los cómics. Uno de los mayores logros, narrativamente hablando, de CW es que no hay buenos ni malos de origen, uno los ubica respecto a la postura propia ¿Qué mayor libertad se puede pedir?
Lo que nunca queda claro es que hubiera pasado si ganan los rebeldes ¿Se habría abrogado la ley? ¿Modificado? Creo que esta situación es la que en cierto modo, y admitámoslo, algo fallido, justifica el final de la historia.
F: Lo que lleva al segundo punto: Civil War, al igual que muchas de las series actuales, no surge de un verdadero ímpetu creativo y de denuncia por parte de sus autores, sino de la dirección editorial que, en un arranque de creatividad, quiso convertir el Universo Marvel en un instrumento de denuncia y crear con ello, no sólo un “gran evento” a todas luces comercial y tramposo, sino una historia que compitiera con lo que su competidora estaba haciendo. Al final Civil War no dijo nada acerca de la situación de país y tampoco contó una buena historia. Ni Millar, ni Jenkins, Ni Straczynski, ni ninguno de los involucrados supo defender las posturas de sus héroes ni llevar a cabo las imposiciones editoriales que al gran jefe Quesada se le iban ocurriendo, cosa que se nota en los grandes errores de continuidad de un número a otro. Lo que se dijo en Civil War ya se había dicho antes en otros cómics, y los remito al Captain America de Mark Waid o Mark Gruenwald, los mismos títulos de mutantes, como la inolvidable Days Of Future Past (que por cierto sólo necesitó de dos números para decir lo mismo), con mucho mayor fortuna ya que ellos venían de una necesidad creativa y no de un mandato editorial. ¿De verdad era necesario que Peter Parker se quitara la máscara para algo más que vender más cómics?
R: Concuerdo con que la parte editorial no planeó la historia como algo relevante socialmente hablando, pero el hecho de que sea Millar -un escritor escocés- y no uno gringo quien la desarrolló permite un grado de libertad mayor. No es broma cuando Thor –un dios rubio, caucásico y de ojos azules- mata a Black Goliath –un personaje secundario producto de la explotación simbólica-, es un comentario acerca de la realidad estadounidense que a pesar de campañas de lo políticamente correcto todavía no pueden quitarse el fantasma del racismo. Como mencionaba antes, Millar sabía que no podía hablar directamente sobre lo que le molesta del sistema gringo., a cambio de ello, le bastó evidenciar la problemática de una secesión que hasta el momento tiene al universo Marvel fracturado.
Es también Millar quien ha criticado duramente el anquilosamiento de los personajes (por algo quiere escribir a Superman) y considero que el desenmascaramiento de Spider Man lo concibió como una manera de tratar de reactivar al personaje otorgándole un estatus novedoso, que se lo haya vendido al editor como una forma de aumentar las ventas ya es otro cuento. Lo que no deja duda es que, a ojos de Millar y de varios de los que lo leímos, desenmascararse era la actitud más congruente del personaje en ese momento.
Y hablando de actitudes, otro de los comentarios negativos sobre CW es que no se ha respetado las características que han definido a varios de los personajes, en otras palabras, no se supo mantener una caracterización acorde a lo que se supone representa cada ícono. Me remito a lo anterior, Millar considera que es necesario reactivar a varios de los personajes y si para ello es necesario romper algunos dogmas o paradigmas, lo hace sin problemas. Recordemos que el valor principal del que se habla en CW es la libertad, el escritor abusa de ella y nos entrega algunas caracterizaciones exageradas a fin de que queden bien planteadas las situaciones. Efectivamente, una madre no abandonaría a sus hijos, pero el que Sue Richards deje a su familia nos habla del conflicto civil a otro nivel. Que los héroes se quejen de trabajar junto al Punisher cuando anteriormente han tenido infinidad de team-ups con él es otra forma de burlarse de la hipocresía gringa innata. Pero lo que siempre hay que tener en cuenta es que los personajes son entes ficticios, cuya vida depende del escritor en turno, y es el escritor quien debe mantenerlos frescos e interesantes, listos para provocar la mayor reacción en el lector.
F: “Son personajes ficticios”; ese siempre ha sido el argumento de escritores mediocres y que no saben de lo que se trata narrar cómics de superhéroes (eso y “consíganse una vida”). San Millar no cambia las personalidades de los héroes para contar algo, lo hace sólo para causar shock y escándalo entre los lectores que conocen a los personajes. No hay una gran estrategia creativa y mucho menos un concepto que unifique lo que está contando, sólo la actitud casi adolescente de un escritor bastante vulgar que ha basado su carrera en el escándalo y la violencia gratuita. Si quería escribir a los Avengers como personajes que no son, haber ido a escribir su propia serie a otro lado donde no sean los personajes que conocemos y queremos… no, esperen… ya lo hizo, y lo hizo mal, en su primer arco del cómic Authority de Wildstorm. Si se analizan las mejores historias de superhéroes que recordemos, al menos aquellas que usen personajes bien establecidos en los dos universos fuertes, siempre serán aquellas que hayan respetado lo que se hizo antes y la esencia de los personajes a usar.
Y después de leer casi una oda a San Mark Millar no me queda más que decir que, como obra aparte: ¡LA MINISERIE ESTÁ MAL ESCRITA! Por tres números se enreda en una serie de recuentos de situaciones sin ningún tipo de desarrollo dramático, dejando el peso de la historia en los títulos individuales de los héroes, y aún entonces comete errores garrafales como involucrar a The Thing en la pelea, cuando en su título madre lo vimos partir a Francia apenas iniciado el conflicto. Los dos grandes momentos de la miniserie son, en primer lugar, la pelea con Thor, que se lleva dos números, y en la que la única baja es un héroe menor (con todo y la lectura a todas vistas exagerada del comentario antirracista), para descubrir que, además, los “pro-registro” son capaces de defender una ley (el registro) pero violar otras (como la clonación). El segundo es el enfrentamiento final durante los últimos dos números, que no sólo no causa gran revuelo, las bajas son nulas, no hay una verdadera muestra de la situación, carece de peso dramático y, por si fuera poco… ¡ES LO MÁS DECEPCIONANTE DESDE STAR WARS: EPISODIO 1! El Capi va ganando, él ordena que se lleve la pelea a la ciudad… ¡Y SE RINDE! convenientemente dejándolo todo bien puesto para su asesinato un mes después.
Por mi que Mark Millar se vaya a hacer novelas gráficas. Y si se lleva a Joe Quesada con él, todavía mejor.

Como podrán darse cuenta, las posturas son ríspidas y a un año de su publicación original CW todavía está dando de que hablar. A final de cuentas la opinión más importante es la suya queridos lectores. ¿Es CW un buena historia? ¿O simplemente fue un evento más para saquear los bolsillos de los lectores? La respuesta, estimados, está en los ojos de quien la lee.

Comentarios

zacek ha dicho que…
Pues si, Civil War fue el mega evento para saquear nuestros bolsillos, pero pues me gustan los cuentitos y casi me lo chute todo, lo unico que si odie de Civil War fue a Wolvie que se regenera instantáneamente, Spidey sin mascara y Capitain America noqueando al hulk como si nada.
zacek ha dicho que…
HA... Caray creo que lo de el Cap se vio en Fallen Son, pero casi son de lo mismo... no?
nadapunk ha dicho que…
Ya decía yo que Hulk no estaba en la Tierra cuando la Guerra Civil.

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