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De ojos rasgados


Si todo sale bien, en el próximo número de Comikaze (la revista de l@s conocedor@s) vendrá la segunda parte de un texto sobre el cine de los otros cómics. Ahí menciono una cinta japonesa llamada Uzumaki, tan buena, que siempre que puedo la recomiendo. Como en el texto de Comikaze no pude explayarme a fondo sobre ella, aprovecho que alguna vez escribí el siguiente artículo sobre el manga que le dió origen.
No me gusta el manga en general, me parece monótono y manipulador, pero algunas cosas, como la obra de Junji Ito son de lo mejor que hay en el mundo de las viñetas. No digo más mejor lean el texto y, si pueden, consigan el cómic.

UZUMAKI. DESCENDIENDO HACIA EL HORROR.

No todo el manga son robots, niños superdotados, niñatas estúpidas o pornografía barata. Afortunadamente existen autores que tratan de innovar ya sea apelando a la razón, o mejor dicho, a la sinrazón. Junji Ito nos demuestra por qué el miedo es una espiral sin fin hacia la locura y que el cómic japonés es más divertido cuando no es tan famoso.
El técnico dental obsesionado con el cabello.
Junji Ito estaba cansado de ver el interior de las bocas de sus pacientes. Las gargantas le parecían pozos sin fondo, las encías infectadas asemejaban flores de carne y sangre, y los dientes le recordaban fetos calcificados. De no ser por su afición a escribir y dibujar cómics de horror de seguro se hubiera vuelto loco y habría terminado sus días como el más grande asesino serial de la tierra del sol naciente.
Afortunadamente (para nosotros) lo que pudo ser una brillante y mediática carrera como criminal se convirtió en una brillante y mediática carrera como mangaka, al ganar el prestigioso premio Umezu Kazuo para mangas de horror con la entonces naciente Tomie, la historia de una chica que enamora a todo el que la conoce y que no puede morir. Tomie ganó por presentar una historia surrealista ubicada en un ambiente ordinario, provocando un choque en la mente del lector, al enfrentar lo conocido con situaciones demenciales y por definir al amor como un mero deseo irracional, tan irracional que puede hasta matar.
Ésto último es lo que impresiona de la obra de Ito, la forma en que representa la muerte es todo menos “normal”, lo que le hizo acreedor de una fama sanguinolenta y le acarreó una legión de fans. Me atrevo a asegurar que es el escape que el autor da a sus bajos instintos plasmándolos en papel y tinta lo que evitó que se convirtiera en un despiadado asesino, solazándose en los ríos de tinta más que en los de sangre.
Espirales y remolinos.
Pero no fue sino hasta que publicara la ahora ya famosa Uzumaki que Junji Ito se ganó un lugar en el cómic mundial, gracias en parte al boom del cine de horror japonés que permitió la adaptación de sus obras y por ende su distribución mundial, permitiendo a occidente descubrir un espectro del amplio panorama del cómic japonés (o manga como le llaman los clavados) pocas veces visitado.
Uzumaki (literalmente, espiral) es la historia de un pueblo encantado –o maldito, según el color del cristal que la moral propia otorga-, acechado por espirales que se aparecen hasta donde uno menos se lo espera: cabellos, remolinos de agua, caracoles, enjambres de insectos, úteros, galaxias y el mismo pueblo adquieren la forma que representa un eterno descenso hacia lo desconocido o un irracional girar en busca de lo inencontrable.
Mientras que el surrealismo de la obra puede encontrarse en las aberrantes transformaciones, tanto físicas como psicológicas, que sufren los habitantes del pueblo –uno se mete a una lavadora para quedar convertido en espiral, algunos se convierten en caracoles, otro se saca las espirales de los oídos en su afán por no ser presa de la maldición-, el realismo se representa como el abandono de la colectividad que está atravesando el pueblo japonés. La obsesión de la gente por las espirales no es más que un comentario sobre la alienación que sufren los nipones al ser esclavos del trabajo, al escuela o el mantenimiento del honor. Ito ilustra ese comportamiento como una espiral que los llevará hacia el olvido, únicamente para resurgir de nuevo una de vez aparezca la que ocupará el lugar de la anterior. Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.
De Providence a Korouzo-cho.
Uno de los lugares a los que Uzumaki nos remite es la obra de H. P. Lovecraft, al retratar de modo tan contundente el miedo a lo inenarrable. Si Lovecraft se encargó de explicar, o mejor dicho, definir el terror irracional (parece pleonasmo pero si lo analizan verán que no es así), Ito lo aterriza en situaciones y objetos comunes ¿Cómo es que una espiral puede provocar miedo? Contextualizándola en un ambiente en donde rompa los esquemas de seguridad emocional que todos tenemos. Uzumaki produce terror, dejando aparte el explícito lado gráfico, por exponer el lado mundano que todos tenemos pero que todos procuramos esconder. Las espirales son las bajas pasiones, los complejos, los traumas –tanto emocionales como físicos-, en suma, son todos lo miedos comunes y corrientes que todos tenemos pero que pocos aceptan, de ahí que la lectura del cómic produzca escalofríos hasta en las mentes más fuertes.
La influencia lovecraftiana aparece también en los terrores primordiales y añejos que ya se han vuelto tradición. Si Lovecraft con su obra intentó remitirnos a épocas perdidas, Ito retoma la idea y admite que son esas épocas, y su correspondiente entorno sociocultural, así como la necedad de mantener la tradición, lo que impide que los habitantes del pueblo de Korouzo-cho caigan en cuenta de la situación por la que atraviesan, permitiendo a la espiral apoderarse de sus vidas.
Junji Ito y el séptimo arte.
A raíz del éxito de The Ring, la fiebre por obtener material para realizar películas japonesas de horror fue tal que Uzumaki fue llevada al cine antes de que fuera completada. Tomie también fue adaptada, alcanzando la friolera de 8 películas basadas en el personaje que le abrió las puertas al autor.
Uzumaki, la película, más que ser una adaptación del manga, es un extensor del universo propuesto por Ito. Aunque algunas situaciones están calcadas de la obra original, el desarrollo de la historia sigue otros derroteros, además de aprovecharse de la plasticidad que el cine otorga para proyectar las espirales a diferentes niveles. Así, además de las transformaciona de los personajes, las espirales aparecen como efectos especiales o como tomas de cámara, dando la sensación de estar siendo engullido por la pantalla.
Y al final del remolino…
Como decía al inicio, “Uzumaki” no es el típico manga superficial y vacío al que nos han acostumbrado las distribuidoras mexicanas. Es una obra que sin ser demasiado compleja aprovecha las ventajas del medio para entregar un historia horripilante, escabrosa y muy explícita, aunque manejando comentarios sociales de una manera velada y metafórica (como casi todas las obras de terror hacen).
Quizás al final deja una sensación de que la historia está incompleta, nada más falso, esa sensación no es más que el producto de descubrir, en cabeza propia, que muchos de nuestros miedos son infranqueables, a menos que nos demos cuenta que somos nosotros mismos quienes los producimos.

Comentarios

Pepper ha dicho que…
¿sin pornografia barata? esta bien lo intentare conseguir de todos modos, jeje
Anónimo ha dicho que…
A mi me fascino la pelicula. Por cierto: buen articulo y bien informado. Tambien tuve la oportunidad de leer el comic y es totalmente de coleccion.

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